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ELLAS LAS DE SIEMPRE

de Adán Echeverría

 

<-------- Cuento/relato

 

Las mujeres son como los autobuses, había dicho Manuel y me acostumbré a esta teoría: subes en una esquina y te bajas a la siguiente. Machismo recalcitrante en el que uno va creciendo; hay un dios y una virgencita que es su madre para quedarnos de rodillas bajo el sol esperando que el agua nos cubra las facciones, ¡qué erotismo mexicano!, todos corriendo a los burdeles y de ahí al confesionario.

No todo es como uno cree, sólo pueden verse tres lados del cubo; y a pesar del machismo, a Manuel siempre le partían la madre con facilidad por otros machos alfa en esas jaurías que corren a las discotecas. Andaba siempre de una chica a otra y cuando alguien se sentía herido en su hombría, ya encabronado, se la cobraba. Mi cuñado era tan malo para los golpes. Y con eso de los amores de secundaria (y sus reclamos de ésta es mi vieja) que siguen heredado, ellos van defendiendo con golpes a sus mujeres, como si eso hiciera que ellas los admiraran (me hace sentir protegida), sin darse cuenta que gozan abiertitas la llegada de otros hombres a su cama. Alguna vez me dijo Ana, luego que descubrí que hablaba mal de mi a cada chica que enamoraba, y fui a pedirle que fuera sincera conmigo: Cuando mentimos, no podemos echarnos para atrás, eso tienes que entenderlo, no podemos decir: me equivoqué.

Anduve con Manuel de correrías durante la época que enamoraba a su hermana Elena, y de vez en vez podía entretenerme, a sus espaldas claro, con su novia en turno: Jazmín era eso que llamamos una lolita. A sus trece años la hormona le había descubierto las formas y ella gustaba de mostrarlas, yo había cumplido apenas quince; solíamos besarnos en las reuniones de la familia política, podía meterle los dedos entre las piernas cuando comíamos juntos en alguna fiesta, ella frente a mí, junto a mi cuñado, yo con Elena del brazo. Llegamos a manosearnos en la terraza de aquella casa mientras esperábamos a nuestras respectivas parejas. O en las reuniones de amigos, donde siempre hay momentos para escapar de las miradas. Incluso Ana me reclamó alguna ocasión: Se que sólo soy tu amiga, pero me traes a esta fiesta, y apenas llega Jazmín, te vas con ella. Qué quieres, la chica es fácil, ya ni modo. Elena nunca tuvo que enterarse, pero igual terminamos porque yo andaba ya con otra.

Manuel acabó casado a los diecisiete luego de embarazar a una de sus novias (Jazmín lo dejó, harta de sus infidelidades, y con la necesidad de reconocerse en otros brazos; no volví a verla), y conozco varias versiones de compañeros que hasta se han cogido a mi ex cuñado cuando anda borracho, eso de soltarse con el alcohol: los que presumen de machitos luego-luego son unas lindas mujercitas. Hay que andarse con cuidado.

La fidelidad es la resistencia de nuestra especie a los instintos básicos, alimentada por la moral cristiana. Con el tiempo fui inventando mis propias premisas que consideraba invaluables en cuestiones de ligue: nunca termines con una chica, deja que ellas terminen contigo, nunca les digas que no las amas, tú nunca dejarás de amarlas, que sean ellas quienes tomen la decisión, que ellas sean las que truenen, eso las hace sentir mejor: puertas abiertas, carnal, siempre deja las puertas abiertas y así podrás regresar a gozártelas.

También en los brazos de Diana me confesé, justo después que Livet le mandó esos textos que yo me escribía con otra chica (la muy perra): ¿Cuántas veces has pasado por esto? Diana preguntaba sobre el sentimiento al estar terminando una relación, luego coger con ella y platicar sobre el abandono.

-Mejor me voy, no tiene caso que discutamos.

- Podemos ser amigos.

- No creo mucho que se pueda ser amigos luego del dramatismo en que nos hemos gastado. No soportarías que te cuente que ando con otra. Si todo hubiera sido diferente.

- Diferente para tí.

- Has hecho todo para que sienta que soy infiel. Hablabas como si te estuviera lastimando cuando hacías exactamente lo mismo. Engañar así, es... El amor es una utopía, y el camino arduo. No podríamos confiar de nuevo el uno en el otro. No soportarías que yo te contara de otras.

- ¿Tú soportarías que ando con otros?

- ¿Qué caso tiene...? Ya tienes al Isidro, y todos lo sabían menos yo.

-Nada tienes que reclamarme. Eres casado, no lo olvides. Yo tengo un hombre para disfrutar cuando me siento sola, si tú estuvieras estaría solo para ti.

- Aún así, te empeñas en que no ande con otras.

-Eres casado, coño; no te puedes conformar. Tienes a una mujer todas las noches en la cama; yo tengo a este hombre, estamos parejos, por qué quieres tener a otra.

- Puedes tener a quien quieras. Quieres una relación con el Isis, tenla; mientras no vivamos juntos, todo seguirá siendo así.

- Quiero que sigamos aunque nos veamos pocas veces. Isidro sabe de ti. Soy tuya, él me brinda buenos momentos de pláticas y café; no es sexo, tienes que entenderlo.

No nos buscaremos. Le dije mientras la iba penetrando. Demasiada angustia, siempre confundido, siempre las indecisiones, esperar en el teléfono, hartos de la pasión que me calienta aquí merito en la cabeza. La tomaba del cabello, sus nalgas se aporreaban a mi vientre. Los insultos caminándonos la boca, como una caries que no tiene cura, como mil arañas tejiendo su amargura dentro de los dientes.

- Nunca te he sentido mío.

Ese era el problema, sentíamos de manera diferente. Yo creía que estábamos comprometidos y tú no puedes aceptar que así me conociste, con planes hechos; planear contigo es esperar, y al no creer en nuestra relación, te sientes prisionera y ansías la libertad de estar con quien quieras, por eso buscas otras parejas. Eres libre de irte. Mejor las lejanías. Se que soy libre, no serás tú quien me lo diga, me dijo y agregó:

- He decidido que serás mi meta, mi fin, mi tumba. Aunque ahora tenga un hombre no quiere decir que no siga necesitándote cerca. Él me gusta demasiado, pero jamás será como tú.

- Esos teatritos tan gastados...

- Lo digo en serio. Ni el sexo es bueno. Es otra cosa lo que me gusta en él. Me escucha y complace. Me siento protegida.

- No te creo. Si te encanta el brincoteo...

- Lo sé, pero Isidro es anormal. Su pene es demasiado pequeño y delgado, como un dedo. Con cada movimiento se sale. Solo el sexo oral es rico. Ya me acostumbraré. Es tan inteligente y divertido. Lo paso excelente y me encanta.

Ella se sentía plena luego de dejarme. Sin embargo continuaba en su búsqueda de estar a mi lado: Ojalá pueda tenerte alguna vez. Y era verdad, tenía razón, los abandonos de siempre, infidelidades cotidianas. Andaba yo en mi segundo matrimonio, y a pesar de los tres años de andar de amante con Diana se me presentó la oportunidad de tener otra chica.

Livet llegó solita. Bueno, quizá puse un poco de mi parte en hacerle saber a su amigo, aquel mariquita, que ella me gustaba, sabia que iría corriendo a contarle: Livet me vuelve loco, dejaría todo por ella; la perra era de mis mas recalcitrantes gustos: flaca, desabrida, no muy linda, con el cabello hermoso, los tobillos delgados, las nalguitas paradas, y esas clavículas expuestas, hasta el hecho de que no tuviera nada de tetas se compensaba con la forma en que sabía dar las chupadas mas ricas de toda mi existencia. (Los que se creen machitos… primero les gustan las niñas, sin tetas, ¿no será su fijación por querer tirarse a un hombrecito?) Miento… te darás cuenta que miento… porque sabrás de esto igual que yo. Alguna vez me cogí una supergorda, de esas cuyas tetas, cada una era del tamaño de mi cabeza. Fue cuando el maricón de Héctor me vendió por una borrachera. Fuimos a la fiesta de la Ozby, (la gorda en cuestión), y cuando ya andaba medio marihuano (siempre se puede estar peor) la gorda me ha puesto una mamada de lo mas increíble, me la chupó lo menos una hora: todo el disco unplugged de Soda Stereo. No podía terminar así nada mas, la voltee y se la metí completa, llegué a lo grotesco, traicioné mi gusto por las flacas.

-¿Y por qué los distractores? Me estás contando de las infidelidades que te han hecho llegar a este punto.

Tienes razón, el caso es que Livet se interesó y no se iba por las ramas. Me dio su número y me pidió que le llamara. Fui a verla a su casa, y la niña fue patética. Pensé que comenzaríamos a coger como locos y ya, pero no:

- Tú en ese sillón y yo en el de acá, vamos a platicar –y me dio risa su bobería, pero bueno, pensé, si quiere jugar a la niña inocente le seguiremos el paso.

Nos fuimos enfrascando una y otra vez en las salidas. Ocupaba todas mis tardes y ya no me alcanzaba el tiempo para ver a Diana (mi verdadera novia, mi amantita pues), porque los fines de semana los dedicaba a mi esposa y a mis hijas.

Livet me fue absorbiendo, junto con el semen, todas las horas disponibles. Empezó a meterse más y más en mi vida, me hablaba de su familia, ellas siempre hablan de su familia cuando se quieren poner serias, me regalaba cosas, me prestaba el carro, le bajábamos lana al marido, eso de gigolear siempre ha tenido su atractivo; el caso es que me la estuve cogiendo durante un año, un maldito año que me cogía a las tres mujeres con quienes compartía las horas, eso de andarse siempre complicando la vida. Como siempre, fui cayendo en la idiotez de no ser lo verdaderamente hijo de puta que uno debe de ser para este tipo de vida, es decir, fui sincero.

Livet comenzó a hartarme con los “dime que me quieres”, “me gustas”, “no, quiero que me digas si me quieres” y la lagrimita en el ojo, y no me decidía; dónde han quedado las cogidas salvajes, las fotos que nos tomábamos, los videos que nos gustaba filmar, la marihuana, el burlarnos del esposo y de su familia, el semen inundándole los labios, las penetraciones al ano.

Ya nada era divertido, complicaciones y complicaciones de la hipocresía. Dónde quedaba eso que anhelábamos disfrutar, las horas de sexo sin involucrar el cerebro: que todo sea piel, ¿ok?; como el pendejo que soy, fui cayendo con su carita de “te quiero y quiero vivir a tu lado” y la estúpida se me embaraza. Ahí fue cuando todo cobró un verdadero grado sentimental, una tragedia medieval para el decamerón, trasladado a los guiones telenoveleros de televisa (así de idiota); ella se puso más cachorrita y comenzó a vivir para lo que yo decía, y me fui volviendo sedita a sus caprichos, y pasó. ¿Y Diana? Espérame, ahora te cuento esa parte. Que pendejez, tantas mujeres, tanta relación fácil en el mundo y yo cayendo como siempre, victima de la sinceridad:

- ¿Tienes otra, verdad?

- Estoy casado.

- Sabes lo que quiero decir. Hay otra. Tu mujer no me importa, es la zorra esa que siempre te va a ver.

- Te equivocas, Diana no es la otra, en todo caso tú eres la otra, con Diana hace tiempo que salgo.– todo tenía que estallar. Livet se fue encima de mí cogiéndome a golpes.

- No te lo devuelvo –le dije mientras la tomaba por las muñecas- por qué estoy dentro de tu casa, pero no vuelvas a golpearme la cara.

- Mal nacido –y con la rodilla me golpeó los testículos; caí al suelo y disfruté tanto sus patadas hasta desternillarme de risa. Luego ella se sentó en las escaleras a llorar. Con los golpes en la espalda, la sangre en el labio, la cogí del cabello y la jalé hacia mí para besarla. Fue la última vez que nos hicimos el amor en su casa.

¿Y Diana? Ella resultó ser lo mismo. Hecha del mismo cordel con que yo había tejido mi vida. Lo que no soporto, y no me queda claro, jamás lo sabré, es por qué ocultar sus relaciones cuando ella era libre y yo no. Las cartas de Livet sobre mí a Diana, fueron recíprocas, es decir, me mostró textos que Diana les escribía a otros tipos, así que nos enfrascamos en una lucha por el control de nuestra relación: alguien debía ganar. Cuando dos de tus mujeres hablan entre ellas, o logran ir los tres a la cama, o entre ellas te mandan al carajo.

Igual que yo, Diana se valía de las tardes y noches que no la veía para ver a quien quisiera, sobre todo los fines de semana. ¿Cómo no nos hemos contagiado de alguna enfermedad? Ella se tiraba al Pablo, el actor mediocre que conoció en una galería a donde yo asistí con mi esposa y con quien Diana se fue a dormir apenas media hora después que se lo presentaron (era muy tonto, pero guapísimo, me sentí muy sola, y tú te habías ido con tu esposa, me dejaste enojadísima); continuaba cogiendo con su ex novio, con quien trabajó mas de un año en un programa de la radio, y continúa invitándolo a vivir con ella (quería saber si había mejorado en algo, era tan malo en el sexo, y cuando tú te fuiste de viaje nos vimos para tomar café, yo lo invité a la casa, la primera noche estuvo muy nervioso y sólo fue sexo oral, no tuvo una erección jamás, la segunda vez ya fue mejor y los dos lo disfrutamos; hace poco vino a verme a Coyoacán, pero ya tenía a Isidro y no fui a verlo); con Elías, el librero a quien llevaba a las playas que yo le enseñaba, y cogía con él en la regadera de su casa en las afueras de la ciudad, es que era tan grande, manos grandes, cabello largo, todo grande y yo necesitando (lo conocí en la feria del libro y esa noche ya nos bañábamos en mi casa, tú te habías enojado, y creí que no volvería a verte, luego entonces, no te fui infiel, creí que habíamos terminado). Y con él se iba a pasar cada navidad, porque el tipo se había regresado a vivir a su estado natal. Y ella me pedía dinero, bajo sus mentiras de no pasar las fiestas sola por que yo estaría con mi familia (lágrima y lágrima), y prefería irse de la ciudad para no sentirse mal.

- No pude conseguirte más que unos pocos pesos.

- Es que no quiero quedarme. Tú estarás con tu familia, y me sentiré sola.

- Tus amigos te recibirán, sólo hay que ver si conseguimos lo del boleto.– y después del llanto, y darle el dinero, se fue a pasar quince días en los brazos de otro. Me hablaba por teléfono en las mañanas mientras todas las noches se lo cogía en el cuarto que la familia de él les habían dejado, y llegaba a esa casa presentándose como la novia tierna, y hasta se propusieron matrimonio y conoció a la abuelita y todas sus tiendas de libros, y recorrieron las librerías de viejo del distrito, y luego quería que yo las visitara con ella; tantos recuerdos le quedaban de Elías, que quería repetir todo lo que tuvo con él, a mi lado.

- Tienes que escuchar a Chalie Parker.

- Lo conozco.

- Tiene una canción que me enloquece. Te haré el amor mientras oímos esa canción.- recordar al otro sobre mi cuerpo.

Se revolcaba con el hermanito de su compañero de trabajo cada que tenía oportunidad (sólo unas veces, en mi casa porque tú no llegarías y yo te extrañaba tanto, y él era... tan payaso), y con el mismo compañero de trabajo mientras estaban juntos durmiendo en las comunidades, fuera de la ciudad (decía que era homosexual y le dije que no importaba, era una búsqueda, nada serio). Me contó igual cuando lo hizo con el maestro de narrativa de hotel en hotel, quien le consiguió la beca en la escuela de escritores, luego de unas buenas mamadas de verga (esto lo sabías, tronaste conmigo y quise olvidarte lo más pronto, pero me di cuenta que no me interesaba, que sólo tú eras real para mi; luego que murió, los maestros de la escuela me dicen la ahijada de la muerte, son unos malditos), y cuando se tiró a un poeta que conoció en Chiapas dónde yo le conseguí que fuera invitada (me mandaste a casa de una de tus ex amantes, cómo te atreviste, estaba triste, el tipo era guapo, y nunca volvería a verlo, no había nada que arriesgar). Lagrimitas y lagrimitas que le dibujan el rostro de niña tierna.

- Tú eres un maldito honesto, engañador y cínico, a mi me funcionan los llantitos, somos iguales, de qué te quejas.

Fueron incontables los amigos de su compañero de casa (con quien compartía la renta) con quienes tuvo algún encuentro; ellos se quedaban a dormir luego de una borrachera que se prolongaba: pero yo no me comprometo, sólo es sexo, tú en cambio, con todas quieres llegar a algo, esa tu necesidad de ayudarlas siempre.

La que más le llegó fue la relación que dejó crecer con una de sus asistentes educativas. Con ella fue con la que más se involucró (Eso crees tú, en realidad siempre lo hicimos sobre la ropa), dormía con ella en las comunidades, y se veían en su casa las veces que aquella la visitaba, aún llevándose al novio y dejándolo en la sala mientras ellas se hacían el amor en la recámara (era excitante besotearnos mientras el novio de ella nos esperaba en la sala; ella me gustaba mucho. Ahora en la escuela creen que soy lesbiana, eso me ha ayudado a sacarme de encima a varios tipos. Y he de confesarte que he tenido algunos encuentros con mi compañera de edificio. Deberías vivir ya conmigo, es insoportable la soledad). Y a pesar de todo este reflujo en que se situaba día a día, lloraba y lloraba que yo no tenía tiempo para darle, me culpó que cogía con otros porque yo no le dedicaba tiempo. Y así, fueron estás dos mujeres trastornándome el cerebro, diciendo y jurando que era un mal hombre que las usaba y que no las quería y que les era infiel.

- Te vas a ir a Chiapas sin mí. Si vas a hacer algo, usa condón, cuídate y cuídanos.

-Cree el león que todos son de su condición -me decía Diana, enojada, con las lágrimas vibrando por salir- a veces es horrible lo que dices, no se cómo puedo quererte si siempre dices cosas para lastimarme. (Ja-ja, disculpa, tengo que reírme, lo siento en verdad, sigue, sigue diciéndome).

Para las dos mujeres, yo era el putañero. Ellas sólo se desquitaban de que les fuera infiel. La infidelidad es un arma de dos filos. Diana me dijo: Tú querías que rehiciera mi vida. Me llevaste a la playa para terminar conmigo, porque la flaca de tu trabajo te tenía trastornado y querías que me fuera de tu vida.

Livet se fue a vivir con Gustavo y me tiraba cordeles para que yo la buscara, dejándome plantado; llegó a decirme: tú no existías en mi campo visual, no me percataba que existías, no eras nadie y así es ahora, no existes para mí. Yo viajaba a ver a Diana y en ese departamento, apenas me iba a dormir, le hablaban por el teléfono portátil y les decía que esperarán que yo me fuera para continuar las relaciones. ¿Qué necedad de competencias sexuales?

- En una semana se va. Ten paciencia.

- ¿Por qué lo soportas?

- Me ha ayudado tanto. En eso del amor no creo, ni creeré. Me gusta jugar con ellos, hasta con lágrimas, pero tienen que creer en mí. Contigo es diferente, sabes que no hay amor, y te soy honesta. Siempre consigo lo que quiero. Y por él, soy capaz de arrastrarme y suplicarle; con él aun funciona lo de las lagrimitas, le quiero a mi manera; dame tiempo, cuando se vaya seguiré viéndote. Es sólo una vez al mes, tú me tienes cuando quieras.

Cuando conocí a mi ex esposa Mirna yo andaba con algunas chicas igual, pero terminé con todo al casarme, ella nunca lo creyó, y acabé solo, sin chamba, sin vieja, sin casa, sin tesis, sin dignidad, y me refugié en Cozumel acusado de infiel, mientras ella se casaba con otro, aún antes que nos entregaran los papeles de divorcio. Entonces decidí que ni una mujer de nuevo para llevarla en serio. Pero cedí ante mí mismo, y me casé otra vez.

A unos días del matrimonio con mi actual esposa, realizamos un ritual, donde quemamos todos los papeles, fotografías y tarjetas que me unían a otra mujer. Dejar atrás el mundo y renacer de las cenizas. Dos años nos duró el engaño de ser el uno para el otro. Diana apareció con su cabello negro, su corta edad, sus senos amplios, y la mirada inteligente.

Tiene razón Diana cuando dice, tú eres así, no vas a cambiar, lo quieres tener todo. No es culpa mía, respondo como Diego Rivera, es una enfermedad esto de tener tantas ganas de coger.

El caso es que Livet por los disgustos perdió al crío. Cuando se enteró de lo de Diana, y me hizo lo mismo, comenzó a andar con otros, Gustavo, Ángel, el chico que le daba hierba, yo de vez en cuando, algún trío que incluyera otra mujer. Tenía más tiempo para Gustavo, se fue a vivir con él y seguía buscándome, intentando lastimarme, alguna venganza que necesitaba su organismo.

- Tú me has enseñado. Son tus tácticas las que uso para estar con otros. No puedes tenerlo todo, y te vas a arrepentir.

Hasta el momento de invitarme a su casa y que el Gustavo me recibiera a golpes apenas se abrió la puerta. La muy perra; yo me moría de la risa –estás enfermo- le dije y la sangre manaba de la ceja que me había roto. Eso de golpear al descontón. Amor del bueno, esa enfermedad que le ha hecho crecer una necesidad de venganza, como un gusano le corroe los pulmones. No quiero que te alejes nunca, me dijo luego de pedirme disculpas por lo que hizo. Hay que andarse con cuidado.

Diana siempre señaló: siempre busqué estar con otros, pero te acepto de nuevo y me haces feliz, al irte te odio tanto, porque se que irás a dormir con tu mujercita y quiero estar con quien sea con tal de olvidarme de ti. Y así vas a seguir; tengo la maldita esperanza de que alguien recoja mis fragmentos uno a uno, y con el tiempo, pueda formarme un rostro verdadero.

- ¿Quién rayos eres?- acabé preguntándole mientras la sangre me corría con violencia en el interior de la cabeza. El rencor nos iba recibiendo bajo su manto, y todo se nos volvió una nublazón de indiferencia. El sexo duro y constante y los reclamos en el oído y en las letras.

¿Que cómo supe que tenían otro? Es fácil, uno sabe cómo coge una mujer. Puede reconocer cuando ha aprendido algo nuevo, el sexo no se aprende en las películas porno ni en los manuales escritos, es la práctica la que nos deja sus olores y sus gritos. Cuando se la has metido en el culo y está estrechita, y al cabo de los días se la vuelves a meter y no hay pared muscular que te apriete el pene, quiere decir que se la han estado perforando. Cuando eres tú el que siempre les abre la vagina para metérsela y luego de días sin verla, es ella la que te agarra el pene y se lo acomoda, ha aprendido algo.

Pero no creas que me sé todo en este hábito de ir de sexo en sexo, no quiero acabar como Manuel, con un pene entre los labios, porque no pude conquistarme a todas las mujeres que se me presentaron, ya no tengo quince. Tengo una barriga que da lástima, aunque todavía alcanzo a vérmela. El cabello se me escapa por atados cada vez que me ducho, lo cual he compensado dejándome crecer la barba. Y tanta historia metida entre los dientes y la lengua, que puedo decir que la pasión es una cosa, el sexo y el amor son otra muy distinta, y no quiero mezclarlas más. Por eso no las busco.

Acá estoy contándote estas tonteras, y me sigo sintiendo patético, luego de veinte años de reflexionar en una u otra. Esta playa no me consume ya las letras. En este continuo ir y venir de los oleajes los nombres se confunden, y las cejas y las manos, y los senos agridulces.

Me alejé luego que el marido de Livet fue a hacer escándalos a la puerta de mi casa, que me orillaron al divorcio. El pobre tipo se dio una cuchillada en la muñeca izquierda y murió abrazado a las imágenes religiosas que saturaban su casa, pidiendo por el perdón de su esposa, por su arrepentimiento, y por cuanta pendejada le hiciera creer que había que pedir para que Livet le volviera a recibir en su cama; pero Livet al fin lo abandonó por Gustavo; ella quedó muy bien parada, y alguna vez ha venido a traerme una botella de vino y a brindar por mi derrota.

- Así me gusta verte. Derrotado.

- ¿Me dejas la botella?

- Húndete en esta arena a rumiar tu decadencia.

- ¿Quieres coger?

Y los días se hacen sudorosos, macilentos, reprochables. El tiempo es algo sin sentido cuando no te preocupas por nada.

- No se como me atrevo a seguir viniendo. Tienes que dejar de vagar en la playa, tienes la espalda destrozada y mira tu cabello.

- Déjame unos billetes.

- No. Pero si quieres te compro otra botella y algo de comer.

En esta playa donde nadie me conoce puedo olvidar mis gestos; mis logros solo son un recuerdo que me ha dejado la posibilidad de observar a los personajes que me rodean. Estos oleajes y su continuo sonsonete me dieron aliento luego que la familia de Diana, todos juntos, fueron a golpearme, después de ver las películas porno que su pequeñita se dedicó a filmar en la capital; escribía los guiones de La bruja hospitalaria y en eso terminó su afán de ser escritora; ellos me culparon a mi por la perversión de su hija-hermana-sobrina, y como Diana y yo nos violentamos tanto, no hubo quien me defendiera; acabé en el hospital con dos costillas rotas, la nariz torcida y una fractura en la pierna derecha que me impide tener agilidad.

Cuando dejamos de hablarnos pensé en refugiarme en esta playa, donde me pago unas putitas cuando tengo ganas, y el resto del día lo ocupo en leer en la playa, y escribir alguna línea que no tenga nada de erotismo incluido. Te puedo asegurar que estuve enamorado de las tres (incluida mi esposa), pero como el amor es una utopía, la fidelidad es una cosa que no puede establecerse más que en los cuentos de hadas (... y vivieron felices...), y sólo podemos mirar tres caras del cubo, aún de uno mismo; mi cerebro hizo corto circuito y acá me tienes, afectado por la pasión, viviendo mis propias ausencias para protegerme. Invítame otro trago...

- Siempre es bueno mirarse en el espejo de otros.

- Las cosas no suelen repetirse en otras vidas. Son tus decisiones.

- Pero ayuda mirar la joda de los demás, ¿no crees?

Luego de las bofetadas que le propiné a Diana en su departamento, de las mordidas con que nos marcamos, todos sus dientes en mi pecho, decidimos alejarnos el uno del otro antes de acabar matándonos; eso de la equidad que nos ha entregado la violencia.

- Tú has sido igual que yo– y le di con el codo en el pecho, estábamos acostados en la parte superior de la litera. Me fui sobre ella y comenzó a patalear para que no lograra alcanzarla, nos dimos golpes en el cuerpo y en el rostro, la cogí del cuello para ahorcarla, le abrí las piernas y se la metí, perdía el aire y me arañaba el rostro, sentí el hilillo de la sangre caer por la mejilla, y el ardor de la herida me excitó aún mas; aflojé un poco su cuello y la jalé para que me besara, me mordió los labios, me puso de espaldas al colchón y a horcajadas conmigo dentro de ella, comenzó a cabalgarme. Me llevó al aeropuerto, y dejamos por fin de vernos y escribirnos.

- Isidro es maravilloso. Alguna vez podremos comer él y yo, tú y la mujer que comparta tus humores. Confío en eso y en que jamás puedas salirte de mi historia. –fue lo último que me escribió. Tiré su carta al mar.

La vida nos llevó a encadenarnos sexualmente a los tres. Súmale las amantes de los siete de Diana, y las amantes de los hombres de Livet, y los amantes de las amantes de aquellos. Deberíamos estar enfermos ya de algo.

Las mujeres son como los autobuses, decía Manuel, no, y te lo puedo asegurar, no debe ser así y no lo digo por moralizarte, qué puede decir de santo un vagabundo que siempre le ha excitado eso de la virgen-madre en que creemos los cristianos; pero no debe haber confusión entre sexo, pasión y eso que llaman amor. Confío plenamente en las ideas del Marqués de Sade para el disfrute de los días y expandir el pensamiento. Ahora lo sé, las parejas son como los autobuses, te bajas de una, te subes en otra, y todos bajan y suben por toda la ciudad hasta que el autobús se estrella, y todos nos morimos. El primero que sea seropositivo que avise por favor.

 

 

 

 

 

 

Echeverría,Adán. "Ellas las de siempre". Poesía sexo maríhuana . eds.Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, Ivonne Zarza, Shiddarta Vásquez Córdoba. London: Julio 2007.

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