Para mí la pintura, el dibujo, en general las así llamadas artes plásticas son básicamente el otro camino, el que no seguí. En la encrucijada de los dieciséis años vi pasar una vez a una niña alta, de un metro ochenta por lo menos, con un pelo ondulado negro, un perfil acentuado y blanquísima, delgada, quizás un poco desgarbada. Por supuesto ni me vio. Pero en las horas o días que siguieron hice un poema muy tradicional, con rima, y traté de hacerle una témpera. La imagen resultante, aunque relativamente buena, equidistaba del original y de la concepción previa que yo tenía en la cabeza. O sea ni lo uno ni lo otro. Más de cuarenta años después seguí clases con una amiga pintora española para pulir técnica y perfeccionar la reproducción de lo así llamado ‘real’, que es ahí donde me aprietan los callos. Por un verano ella trató de que centrara la atención en lo que veía y tratara de copiarlo, pero yo terminaba haciendo lo que estaba en mi cabeza. Por ejemplo pintar con una curva la parte inferior de una botella que es el modelo, porque uno ‘sabe’ que la botella tiene una base curva, pero en realidad se ve derecha, recta, y ella me lo remarcaba una y otra vez. A las finales me di cuenta de que iba a tener que pasar diez años educando la mirada para lograr lo que quería hacer. Y a mi edad eso es mucho tiempo. Claro que por otro lado pienso que en las artes visuales la reproducción en sí la invalidó la fotografía y en mis gustos parto desde los impresionistas, que ya deformaban el objeto por el lado de la luz, y me detengo un poco a veces a la orilla de las instalaciones y el arte así llamado conceptual, muy cargado al mensaje unilineal y que tiene muy poco de pensamiento, agotándose las más de las veces en una sola idea central. El asunto es que me decidí más bien por escribir y siempre he mantenido a la pintura o el dibujo como un señorón latinoamericano mantiene una amante por ahí escondida y la visita a veces. He venido haciendo afiches para eventos, portadas de libros e ilustraciones y dibujos diversos, ‘monos’, como decimos nosotros, experimentando ocasionalmente con diversas formas y materiales, a veces haciendo descubrimientos, pero sin pretensiones profesionales. Quizás porque esta otra es tan peligrosa que terminaría por obsesionarnos o quizás a nuestra edad ya no sabríamos satisfacerla.

 

Jorge Etcheverry