POESÍA SEXO MARIHUANA portada

Este escrito es un intento de homenaje a quien también fue mi amigo y que ya no está, al menos físicamente, entre nosotros me refiero a Juan O’Neill. Escribo esto con la idea de celebrar la vida de este hombre mayormente alegre, propenso a la soledad, amante de las plantas e incapaz de hacer daño a nada y a nadie. Aquella acción de Juan descrita más arriba no tenía ninguna otra intención más que hacer el bien a un semejante, sin ningún interés.


Pocas personas conocen de verdad la palabra prójimo para hacer de ella una realidad. Los que sin siquiera proponérselo lo logran, trasuntan en ellos mismos su significado y pueden ser llamados “amigos” por los receptores de las acciones y palabras de estas personas. Ese era el caso de Juan, él fue un hombre despojado de cosas materiales, su interés no estaba en acumular bienes ni dinero, después de todo, todos nos iremos tal como vinimos, sin nada. El interés de Juan residía en el cultivo de las relaciones humanas, adquirir y entregar conocimiento a través de largas conversaciones. Vaya que lo hicimos en largos años de amistad.

No puedo precisar cuando conocí a Juan, sólo sé que por allá a los comienzos de los años 80, cuando él solía traducir o interpretar palabras de líderes chilenos exilados que trabajaban para derrotar la dictadura de Pinochet y que visitaban Ottawa, o simplemente acompañar a chilenos exilados residente que muchas veces necesitaban hablar con algún parlamentario, sin ninguna presentación ni transición comenzamos a conversar y en algún momento nos encontrábamos en algún “pub” de Sandy Hill, como si siempre hubiera existido una afinidad por la literatura y la política.

La conversación con Juan se hacía fácil. Nacido en Cuba, hijo de padre canadiense y madre cubana, Juan se había venido a estudiar a la Universidad de McGill. Como periodista tuvo la oportunidad de conocer y hablar con muchos personajes de la historia reciente de América como el Ché Guevara y Ernest Hemingway, por dar algunos nombres. Vivió y viajó por México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo fue en países como Turquía, Líbano, Siria y otros del medio oriente donde vivió experiencias que junto con su pasado en el continente americano lo llevaron a escribir poesía.


Ya con residencia en Ottawa comenzó un programa radial sobre poesía en CHEZ FM que se denominaba Sparks 2. Posteriormente dio vida a la serie de lectura Sasquatch que perdura hasta nuestros días y que funciona en el Royal Oak un pub del barrio de Universidad de Ottawa.

El carácter y el sentimiento de Juan hacia la poesía y la literatura era evidente en su accionar diario. Entre las muchas anécdotas que tuvimos con Juan, recuerdo una en particular cuando yo preparaba la antología de poesía Symbiosis a comienzo de los 90. Me tenía que reunir con un grupo de poetas que eran potenciales participantes en dicha antología y que querían conversar conmigo acerca de la antología. Invité a Juan a esa reunión y vino gustosamente. Yo había conseguido lo que se necesitaba para publicar esa antología a través de un fondo que el gobierno federal manejaba para promover el acervo cultural de las minorías que eran parte de la sociedad canadiense.

Los poetas que me habían pedido la reunión (ya en la reunión) impugnaban la participación de poetas que pertenecían a los dos grupos principales del mosaico canadiense: los anglófonos y los francófonos, argumentando que esta antología debía ser sólo para los poetas que representaban las minorías. Argumentaban también que para eso era el poco dinero conseguido. En el peor de los casos, según ellos, si los anglos y los quebequenses participaban, ellos me pedían (más bien me forzaban) darles la oportunidad de escribir una introducción en donde expondrían su posición política en contra de las culturas dominantes y su control de las instituciones ligadas al arte y sobre todo en los estamentos gubernamentales donde se controlaba el dinero (migajas) a distribuirse entre las artes y los artistas. Si yo no aceptaba, ellos amenazaban con no participar en la antología. Yo les recordé que mi intención era hacer una antología totalmente inclusiva y que reflejara la sociedad canadiense tal como era. Todo esto se llevaba a cabo alrededor de algunas pizzas y cafés para los comensales. Juan que escuchaba calladamente, en un momento de la discusión  golpeó la mesa fuertemente con su puño y les dijo más o menos algo así: Ustedes no tienen ningún derecho a intervenir o poner obstáculos a un proyecto que es enteramente idea de Luciano. El consiguió el dinero, él contactó a los treinta poetas participantes y además es algo que nunca se ha hecho en esta ciudad. A ustedes se le está pidiendo la participación como poetas y no como co-editores. No tienen derecho. Seguidamente se incorporó de su silla y se marchó de aquel establecimiento de la calle Preston dejándome a mí sólo y a mis cancerberos literarios con la boca casi abierta. Un par de días después ya se le había pasado la bronca con aquellos “comemieldas” como me había dicho aquélla noche. Resultado, los poetas en cuestión decidieron no participar en la antología. No perdieron la oportunidad sin embargo de asistir al lanzamiento de esta, nada menos que en bloque central del parlamento e intentando arrancarme el micrófono de las manos para hacer sus descargos, lo que no les resultó, para luego proceder a repartir una especie de manifiesto escrito que los asistentes dejaron en sus sillas al final del evento.

Solíamos reunirnos con Juan, aparte de las lecturas literarias, cada cierto domingo por la maña en algún café de Sandy Hill a tomar desayuno y conversar. Habían también ocasiones en que simplemente él o yo hacíamos una llamada para juntarnos en cualquier momento nada más que a conversar, siempre en su barrio Sandy Hill. Por ahí por esas calles se veía a Juan caminando lentamente con su bastón y su amplio sombrero de fieltro.

Produce desazón el hecho de saber que ya no lo veremos más. No sé si ya valdrá la pena ir por Sandy Hill sabiendo que ya no podremos tomar un café o una cerveza con este místico que nunca buscó las cosas materiales sino el espíritu que existe entre la amistad y la poesía.


El universo de la poesía ha perdido a uno que hacía palpitar a ese espíritu. Ser un poeta no es nada fácil. Ser un humano despojado de cosas materiales, quizá más difícil.
Nos alegramos en todo caso de haber conocido y coexistido con este hombre que vivió como un verdadero asceta en medio de un mundo tumultuoso.

Hasta siempre Juan.

 

EL MÍSTICO DE SANDY HILL: JUAN O'NEILL (1933-2006)

por Luciano Díaz

 

 

<---ensayo-crónica

<----memorias archivadas Juan O'Neill

 

 

Dicen que el trabajo dignifica. Un amigo me contó hace algún tiempo que hubo un tiempo en que el trabajo le había sido esquivo y ya casi comenzaba para él un desmoronamiento del ego, del sistema nervioso y de otras cosas. Un día cualquiera por la tarde en medio de ese trance desesperanzador, suena el teléfono y desde el otro lado de la línea se oye la voz de su amigo Juan O’Neill quien le dice: “Hola, hay una señora que necesita una persona que hable español e inglés y que maneje bien los asuntos relacionados con computadoras, correo electrónico, etc. Yo ya estoy medio viejo y la verdad es que no me manejo bien con las computadoras. Llámala y dile que yo te he dado los datos” Esa llamada significó para mi amigo trabajo en el Ministerio de Recursos Naturales por un periodo de dos años y con eso todo lo que vino después y que perdura hasta hoy.

 

 

 

 

Juan O'Neill

 

 

 

 

Díaz, Luciano. "El místico de Sandy Hill: Juan O'Neill (1933- 2006)" Poesía sexo maríhuana . eds.Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, Ivonne Zarza, Francisco Ucán Marín. Ottawa: 2006.

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