Una vista del oficio de escritor en Rubem Fonseca

de Fernanda Patricia Mazón Gómez

 

 

 

 

 

crítica literaria-fílmica

El cuento “Corazones solitarios”, escrito por Rubem Fonseca, pertenece al libro Feliz ano novo y fue publicado en 1975. El cuento tiene un narrador homodiegético. El narrador-personaje ha sido despedido de un diario amarillista donde se encargaba de la sección policíaca. Se puede agregar que el narrador es extradiegético porque se encuentra en el relato que enmarca las ficciones que tendrá que crearse, y de las que nos hará participes como lectores, en su nuevo trabajo. Las ficciones a las que me refiero son de dos tipos: cartas sentimentales y pequeñas novelas.
El segundo diálogo del cuento nos transporta a la entrevista de trabajo que el personaje sostiene con Oswaldo Peçanha, editor-jefe y propietario del diario Mujer. El diario está dirigido a la típica mujer tipo C, “que come arroz con porotos, y a la que no le importa engordar”(82). Su primer trabajo consiste en responder cartas de problemas sentimentales que envían las lectoras. Para hacerlo deberá escoger un seudónimo. El protagonista elige el nombre de Nathanael Lessa, arguye que está haciendo un doble tributo. Sin embargo, el tributo trasciende la ficción. Rubem Fonseca hace aquí oficial que el cuento se trata de un tributo al escritor estadounidense Nathanael West y a su novela corta Miss Lonelyhearts, escrita en 1933. En esa novela un periodista se dedica a contestar cartas de sus lectoras. El protagonista termina teniendo una relación con la mujer de su editor. En el cuento de Fonseca el protagonista terminará siendo el confidente de la vida amorosa de su editor, relación que iniciara por medio de cartas anónimas. El apellido Lessa probablemente sea un tributo al escritor brasileño Orígenes Lessa, quien perteneció a la Academia Brasileña de Letras.


         Regresando a nuestro protagonista, del cual no sabemos el nombre, resulta que al escoger un seudónimo masculino ha roto la tradición del diario. Todos los trabajadores tienen seudónimos femeninos porque, de acuerdo con la visión del jefe, ayuda a que las lectoras se sientan identificadas con lo que ellos escriben. Sandra Marina (en realidad Joao Albergaria Duval), encargado de horóscopos, es quien le informa a dónde ir por las cartas de las lectoras. Es aquí cuando el narrador nota la inversión del orden que existe en la redacción. Aquí se llaman por sus seudónimos femeninos, como si en realidad esos fueran sus nombres. El personaje observa que “queda mal ser el único aquí dentro que no tiene nombre de mujer. Van a pensar que soy marica”(83). El orden reinante dentro del diario empieza a sonar paródico, lo normal se invierte y comienza a sentirse como algo anormal. Luego de está reflexión viene otra gran noticia: nadie le escribe cartas. El encargado anterior se las inventaba todas, así que el protagonista empieza a escribir preguntas y respuestas. Sus cartas inventadas suenan estereotipadas. Una madre diligente preocupada por las apariencias, una mujer poco agraciada resignada a que la traten mal, una mujer virgen a la que se le exigen pruebas físicas de amor. Sus respuestas son casi sacadas de libros de autoayuda. Con tono pícaro en la situación de la virgen, dejando ver una actitud evidentemente masculina. El editor llama a su oficina al personaje y le hace notar que debería escribir cartas llenas de “alegría, esperanza, tranquilidad y seguridad”(85). Siguiendo la recomendación, vemos una carta de una viuda atribulada por su futuro de posible soledad, con una respuesta optimista de Nathanael.


         La posición temporal del acto de la narración en este cuento es intercalada, combina la retrospectiva con la simultánea. Los verbos son conjugados en pasado y presente. El “yo” narrado está temporalmente alejado del “yo” narrado. Lo anterior se relaciona, evidentemente, con el ritmo de la narración: resúmenes y escenas. Las escenas tienen la capacidad de dar al lector la idea de temporalidad “real”.
La frecuencia de la narración es singulativa, los hechos ocurren y se cuentan una sola vez. La focalización del relato es interna, se centra en una mente figural, la de nuestro narrador-personaje principal. Se conoce solamente aquello que pasa por su mente, sus juicios, dominamos su perspectiva de los hechos. Todos los eventos pasan por su filtro, irónico y culto, hay que recordar que al narrador le gusta la buena literatura. La oportunidad para demostrar aún más su capacidad de invención de ficciones se le presenta cuando le piden que escriba las fotonovelas. El seudónimo esta vez sí es uno femenino, y otra vez es un doble tributo: Clarice Simone. Los nombres pueden ser alusiones a Clarice Lispector y Simone de Beauvoir, ambas escritoras reconocidas mundialmente. Mónica Tutti, el fotógrafo, viene a presionarlo para que haga la fotonovela en quince minutos, como lo hacía el escritor anterior. Así que el personaje sale con una típica actitud posmoderna de mezcla de toda la herencia cultural, con el afán de crear mediante esa fórmula algo que suene nuevo. “Había leído todos los trágicos griegos, los ibsens, los o’neills, los beckets, los chéjovs, los shakespeares, las four hundred best television plays. No tenía más que tomar una idea aquí, otra allá, y listo” (86). La historia resulta en el matrimonio de dos hermanos que se enteran de su identidad hasta la noche nupcial, con posibles variantes trágicas hacia el final. Amor imposible como Romeo y Julieta, identidades desconocidas como en Edipo Rey. Buena historia, pero poco práctica para ilustrarla con fotos. Mónica le exige una trama más fácil para fotografiar. Surge la historia de unos novios a punto de casarse, en una visita a las putas el novio se entera que ese es el trabajo de su prometida.
Fonseca le da un giro al cuento cuando hace que llegue una carta verdadera a la mesa de Nathanael Lessa. Un hombre con conflictos de identidad sexual: Pedro Redgrave. La carta es aceptada por el editor, a pesar de ser de un hombre. Se le exige a Nathanael incluir una “frase animadora” (88) en la respuesta. Gracias a sus esfuerzos, Nathanael recibe un cumplido de su superior, “tu futuro está en la literatura. Esto es de gran escuela. Aprende, aprende, dedícate, no te desanimes, suda tu camisa”(90). La frase parece una auto-alabanza del autor. ¿Por qué tantos nombres consagrados dentro del cuento? “Cito los clásicos apenas para mostrar mi conocimiento. Como fui reportero de policiales, si no hago eso los cretinos no me respetan. Leí millares de libros”(91). En la literatura lo que se escribe no tiene gran valor, si no se demuestra explícitamente que se conoce gran parte del canon. Pedro Redgrave anuncia en su tercera carta su próximo suicidio, no soporta que la sociedad lo condene por amar a otro hombre. Cumpliendo con su obligación, Nathanael le recuerda la suerte de Oscar Wilde, le recomienda luchar y afrontar su situación.

Cuando el lector se empieza a acostumbrar a ese mundo “raro” que impera en el diario, aparecen dos personajes que derriban la farsa. Mónica Amelia llega a la redacción y observa “a dos personas circunspectas, demasiado cansadas para bromas, desinteresadas por el propio nombre”(92). El segundo personaje que llega a romper el orden es el Dr. Pontecorvo. El hombre se dedica a la investigación motivacional, un tipo de marketing rudimentario. Pontecorvo llega a derribarle a Peçanha su fantasía, su diario no lo compran las mujeres. Según una investigación seria, el diario lo compran hombres tipo B. Eso provoca un gran enojo en Peçanha. Debido a una distracción le entrega a Nathanael una carta a medio escribir de Pedro Redgrave. Después de un rato, nuestro personaje principal se da cuenta de que su jefe es Pedro Redgrave. Al ser confrontado, Peçanha afirma que su vida serviría para novela. Le pide guardar silencio a Nathanael, “esto queda entre nosotros dos. ¿Está claro?”(96). Broma obvia del autor, que nos ha tenido leyendo algo que se supone quedaría como secreto entre Peçanha y Nathanael.
Rubem Fonseca demuestra que sabe jugar con la literatura. Invita al lector a reírse un rato, a recordar y relacionar textos de diferentes épocas. Se divierte con las posibles vicisitudes del oficio de escritor.

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

Fonseca, Rubem. “Corazones solitarios.” Cuentos Brasileños. Trad. Andrea
Diessler. Ed. Affonso Romano de Sant’Anna. Santiago: Andrés Bello, 1994. 81-97.

Pimentel, Luz Aurora. El relato en perspectiva, estudio de teoría narrativa.
México: Siglo Veintiuno Editores, 1998.

 

 

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Fernanda P., Mazón Gómez. "Una vista del oficio de escritor en Rubem Fonseca" Poesía sexo maríhuana . eds.Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, Ivonne Zarza, Francisco Ucán Marín. Ottawa: 2006.

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