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Lilian Navarro

'Del libro:
            Navarro, L. (2000) “Me muevo aparte de la noche” Colección Vitrales de Alejandría, Grupo Editorial Eclepsidra. Caracas.

A Santos López, Pía, Alejandro y Pablo

Cuando la oscuridad alcanza su voz
El silencio huele igual en cualquier cuerpo
es sagrario cercano
donde zamuros rompen cielos
y la pureza del rostro se hace evidente

Frente al viento
vamos
engaña la sed
el crujir de campanas

Me ofrezco como único descubrimiento
Crucifixión oportuna ante el mástil

Encuentro que No existe la naturaleza muerta
Creo en el dolor de la raíz al abrazar oscuridad
            en la piedra laten sentidos
            (el alma converge en una gota)

Pierdo los ojos
Un sótano es el mar


 

 

 

 

 

 

 

A Herbert

Vestida de viernes sobre Youkalí
Cuantas tinieblas bajo mis pies

La culebra bosteza por dentro
De tanto escuchar esta cuerda rota
                                                           Tocando las partes verdes

Me arrimo a tu espada sin camisa
(rojo surco que cura gritos donde quiera)

Tengo las plumas húmedas en el fango
Y la cabeza encorvada hacia arriba

¿Que culpa abrazar aire en vez de tierra?

Desde aquel día           que me invitaste a viajar
Conocer los continentes de tu cuerpo
Respirar la brisa de tu aliento marino
Solearme bajo tus ojos
Arroparme con la vastedad

 

Desde aquel día           habitamos
Para saber que la vida no es una sola
¡Ay mi negro!
Color de tierra fértil
Que se enreda en mi sangre

Sin tu pálpito no existiría el mundo
Y los tiempos serían sólo afonías

Déjame limpiar tu llanto
Abrazar tu terciopelo
Mostrarte todos los arco irises que traes

Perdóname por las cicatrices
Que plasmaron las inopias manos
Con el azabache de sus almas

Camina a mi lado
Iníciame en los cafetales
Mis entrañas están llenas de cacao fresco y maíz
Pilados en tus labores

Arrúllame en tus barcos
Llenos con marfil y diamantes

Besa mi frente a las orillas del Níger
Murmurando aquellas recónditas historias
Hasta dejar ver lo eterno
Durante mi último safari por la alborada

 

 

 

 

 

 

 

A Leonarda y Muri

Olores que se cuelan en las gargantas de los gallos

Vapores de agua          danzando en las manos de mi abuela
Sorbo a sorbo
Las arrugas se ensanchan para desgranar pasiones retenidas en la mirada

Vapores de azúcar       cayendo sobre las manos del campesino
Sudando sangre por el verdor que otros disfrutan
Tras arar su único cielo

Vapores           Vapores en mis manos
Conteniendo las gotas
Que corren en este tostado paladar
Cuanto sufrimiento hay detrás de un grano de café