¿Qué es lo que yo, como salvadoreño de segunda, puedo decir de la historia del Salvador? Sí nunca he estado físicamente en la tierra de mi padre, ¿cómo podría yo empezar a hablar de “lo que pasó” aya en ese país chiquito escondido entre Guatemala y Honduras? Supongo que no tengo el derecho… y este zipote mejor que ni diga nada pues. Y la verdá es que mas que un “hablar de”, lo que me resulta en realidad en estas páginas, es un cierto balbuceo, una serie de interrogaciones, silencios, y un cierto olor a sangre.
Crecer como un salvadoreño de segunda, es ser condenado a comprender una imagen en el espejo: un espejo ensangrentado, roto en 1 000 fragmentos. Mi “El Salvador” está construido por las historias que me han contado, y las que alcanzaba oír en las platicas nocturnas de mi casa--- son las historias orales de mi padre, las de mi abuela, las de otros refugiados que me encuentro por acá (de izquierda, de derecha, y de los de en medio: ex-guerrilla, ex-militar, ex-guardia militar, ex-periodista, ex-propietario de empresa, ex-campesino/a, ex-estudiante/profesor/a de la Universidad de San Salvador, cuentistas, poetas, abogados etc.). Y también he perseguido “la historia”--- o quizás es mejor decir que es la historia que me persigue a mi---- en los libros de la Universidad, artículos del Internet, documentales, charlas organizadas por UNICEF, Amnistía Int., FMLN en Canadá, películas hechas por gringos o mexicanos, con Robert Julia interpretando a Romero, películas de Oliver Stone, documentales de Charlie Sheen…
Le tengo un poco de desconfianza a todos. Eso es importante que se sepa. Y quizás, de quien menos confío es de mi lector. Escribir es exponerse a que te malinterpreten o te entiendan demasiado… y que luego te quieran involucrar…. yo no me quisiera comprometer tanto. Solamente me gustaría escupir algunas palabras, hacerlos algunas reflexiones, preguntas, transmitirles algunos mensajes... historias...
Siempre he pensando escribir sobre ciertas cosas. He querido contar las historias de mis tíos por ejemplo. Uno muerto en el ejército; el otro en la guerrilla. He querido describir la fuerza de mi abuela frente a las cámaras de la televisión, frente a las pancartas de “las Madres de los desaparecidos” desafiando a medio mundo. Quisiera contar la historia de mi padre…
Pero no me salen tan fácil estas historias. Se contraponen algunos relatos inverosímiles, secuencias imaginas, y silencios vacíos. También tengo muy presente que a la gente le duele recordar. Pero no importa que duela, a veces vale la pena recordar para aprender ciertas cosas.
En esta nueva sección de Voces Salvadoreñas, iniciamos un dialogo. Abrimos este espacio de reflexión, y debate, comenzando con el testimonio de Rufina Amaya¹. Rufina Amaya es conocida como “la única sobreviviente de la masacre del Mozote” (en departamento de Morazán). Esta noche, su testimonio fue antes que todo puesto en contexto por el activista y educador cultural Álvaro Carias con su pequeña historia abreviada de El Salvador (de las últimas tres décadas). Su contextualisación--- su historia (la cual dio en inglés para beneficio de los angloparlantes)--- es un relato que me sé yo casi de memoria… una narración que necesariamente tiene que pasar por ciertas coordenadas…i.e. “las 14 familias que controlan El Salvador…. El Café… el United Fruit Company… la elite…” etc.…
Como ella misma nos relata, para Rufina son dos sus principales motivaciones para contar su historia (de cómo asesinaron a sus 5 hijos y esposo). Primeramente, Rufina se siente motivada a hablar por la memoria de sus hijos y la de “los otros niños que también se necesitan de hablar por ellos”. La segunda motivación es de índole económica².
Durante la masacre del Mozote en 1981, Rufina escuchaba mientras los soldados mataban a sus hijos. Sabía sin duda que con el intento de salvarlos solamente lograría que la matasen también. Pocas personas se podrían tan siquiera imaginar que sentiría/haría una persona en tales situaciones. A mi parecer, Rufina hizo lo más difícil--- permanecer inmóvil, matando sollozos a puro silencio--- y al final escapó con su vida sabiendo muy bien a través de todo que sus mejores armas serían sus palabras, es decir, su testimonio.
Su relato es impactante. Con su voz, Rufina nos acerca incómodos a la par de los soldados. Presenciamos la llegada de los helicópteros, los asesinatos “en grupos” de los hombres primero, y las mujeres. Rufina nos hace visualizar a los soldados tomándose un descanso antes de seguir con los niños. Nos hace escuchar sus risas, los envases de cristal rompiéndose sobre el asfalto, y sus palabras--- el lenguaje técnico prestado;
“y [un soldado] le respondió [a otro soldado], si… hay que matar a esos cabrones… es parte del operativo… y yo sabía pues… que estaban hablando de los niños”.
Lo impactante en el Testimonio de Rufina, es su capacidad de refrescarnos la memoria. Las atrocidades del Mozote fueron cometidas por hombres reales de carne y hueso. Ellos… seguían órdenes de “operativos” que venían de alguna parte (de arriba) sin duda. Ellos y los de arriba quizás han tratado de (¿y logrado?) olvidar-encubrir lo que pasó. Y al final, nos quedamos con mas preguntas que respuestas… toca tratar de ver la mano invisible… preguntarnos ¿porque pasó esto o aquello? ¿Sirviendo los intereses de quien, que elite, que nación, que proyecto? Puta… ¿A que proyecto me inscribo yo? Etc…
[ver testimonio de RUFINA AMAYA]
¹ El evento en cuestion (organizado por “The Center of Social Concern”) fue auspiciado en el King’s College de la Universidad de Western Ontario el último 6 de Noviembre.
² Rufina vino acá a Canadá para que por medio de la solidaridad sus dos hijas salgan adelante. Una de ellas, la más joven que nació en Honduras (en los años del refugio) quiere ser doctor.
VOCES SALVADOREÑAS