-Abrón tú, ya ni hablas, andas en la luna, ¿qué has hecho? Me dice mientras desciende de un coche color vino, una voz familiar, esas eran las palabras típicas de Maruca; hacía tiempo que no nos veíamos y las preguntas en busca del chisme fresco, impulsadas por el morbo natural o adquirido por formación académica, no se hacían esperar. Nos encontrábamos tres cuadras abajo del “Árbol”, de tal modo que el bullicio de la gente permitió que pudiera revertir la pregunta a tiempo para que ésta fuera contestada a plenitud, y para ello, Maruca se pinta sola.
Nos conocimos por esos avatares de la vida, allá por el 93, aunque según cuenta asistió a la misma secundaria que yo, esa que está por el rumbo de la estación del ferrocarril, sobre la avenida Miguel Alemán, nuestro glorioso presidente de masas. Situación que resulta verídica por todas las referencias que da de los maestros y maestras y sobre todo de las anécdotas de los compañeros que tuvimos en común. Con tan buena suerte que en algún momento debimos habernos cruzado en algún pasillo, en alguna cancha o en la tan colmada cafetería o muy seguramente en la prefectura.
-Si, estoy de acuerdo que en las relaciones de género hay mucha desigualdad apuntaba. Siempre expresaba sus ideas más afuera del seminario de género, ese en el que coincidimos en la facultad, que dentro del aula con las demás compañeras. Como si no quisiera compartir esa información, cómo si quisiera guardar su status de formar parte de “la bola” y no mostrar su intelectualidad por el miedo al que dirán, ella era fiel a su apariencia, mezcla de barrio y cierto cosmopolitanismo urbano Xalapeño, entre lo jipiteca y lo cosmo.
-Si, estoy de acuerdo que en las relaciones de género hay mucha desigualdad apuntaba. Siempre expresaba sus ideas más afuera del seminario de género, ese en el que coincidimos en la facultad, que dentro del aula con las demás compañeras. Como si no quisiera compartir esa información, cómo si quisiera guardar su status de formar parte de “la bola” y no mostrar su intelectualidad por el miedo al que dirán, ella era fiel a su apariencia, mezcla de barrio y cierto cosmopolitanismo urbano Xalapeño, entre lo jipiteca y lo cosmo.
Caminábamos por Sayago, la famosa calle de la carnicería donde venden tacos todos los domingos, y en una de esas tantas pláticas que tuvimos en camino a nuestras respectivas casas por las calles céntricas de Xalapa, decía muy puntual dejando mostrar su lado humano, escudándose cuando era necesario tras la cortina académica recibida.
-Mi padre nos dejó, éramos mi madre, mi hermana “la flaca” y yo, estuvimos solas durante un buen tiempo. Mi madre, como muchas mujeres, pidió apoyo a mi abuela. Estuvimos de arrimadas con la familia, mientras mi madre trabajaba allá en la fonda del mercado San José junto con mi abuela y ya sabes, como bien dicen “el muerto y el arrimado a los tres días se apestan…” -comentaba entre su agitación y su apresurado caminar- ¡es el puta cigarro!, ya no debo fumar. Después mi madre se volvió a casar o bueno a re-juntar y nacieron la “chata,” Arcelia y mi hermanito “Fer”. Ya entonces vivíamos en la casa, allá por Américas y Encanto. Ese tipo de consecuencias que propician el no tener padre te marcan y te castran de por vida, ahora no, porque ya eres grande, pero cuando estás más pequeña es difícil, muy difícil y sobre todo si eres mujer, ya ves que en esta pinche sociedad machista, nunca falta quién se quiera pasar de listo y sobre todo si ven que son mujeres solas. ¡Putas hombres! No sé cómo es que sólo dejan hijos regados sin pensar en su futuro. ¿Qué valor, no crees?
-Tal vez por eso estoy metida en el seminario de género, para tener las herramientas necesarias y poder hacer algo por las demás mujeres. Me gustaría acabar con el machismo y con la desigualdad, pero sobre todo que dejarán de ver a la mujer como objeto. Aunque también me doy cuenta que en gran parte las mujeres contribuimos a ese machismo. Por ejemplo, mi hermana ahora que está casada, no deja que su esposo haga nada en la casa, y dijeras, ella sólo se la pasa en la casa, pero no, también va a trabajar, ¡Abrón! puta hombrecillo, ¿no crees? Yo ya le dije que también le diga que haga algo, que él también tiene la obligación de cooperar, pues si los dos trabajan, los dos meten dinero a la casa, ¿no crees? Y por otro lado a veces como detesto a las mujeres que sólo se dedican a su casa, y a gastarse el dinero de sus maridos, en lugar de que hagan algo por si mismas, nooo, nada más se la pasan según que cuidando a los niños y no hacen nada por si solas. Eso de alguna manera también hace que predominen los patrones tradicionales de género y la poca participación de la mujer en el mundo laboral, ¿no crees?
-Sin embargo, hay otros putas hombrecillos que comparten muchas de nuestras ideas, por ejemplo, una vez mi primo al que le decimos el “Neri,” me dijo algo que me dejó de a seis. El caso es que iba saliendo de la casa con una blusa negra, tejida, semitransparente y abajo llevaba un sostén blanco, claro que se transparentaba mucho, ¿no? Y me dijo que me regresara a cambiar la blusa y yo con mi actitud de hacer lo que se me da la gana que le contesto que las mujeres podemos vestir lo que queramos y como queramos, y tratando de echarle un rollo “acá” académico y toda la cosa ¡Abrón, tú! yo dije ahora si le tape la boca y que me va diciendo: mira todo eso que dices estoy de acuerdo, pero tienes que tomar en cuenta que no toda la gente tiene la educación académica que tú has tenido, algunos y algunas apenas han estudiado la primaria y provienen de barrios en los que se han criado en medio de patrones tradicionales donde a la mujer se le trata con agresiones tanto verbales como físicas, sin cuestionar si está bien o está mal, sólo que así fueron educados. ¿Tú crees qué ellos van a pensar en todas las cuestiones de equidad que me acabas de recitar casi de memoria, cuándo te vean vestida así? Y ¿tú crees qué con vestirte así vas a mejorar la situación de las mujeres en general?
-¡Abrón, tú! para que le dije, en ese momento me hizo sentir como una feminista que no tenía una línea fija o un plan a seguir para que de verdad hubiera un cambio en la gente. Y también hizo que tuvieran más sentido todas las putas lecturas que hemos hecho en el seminario ¡Abrón! en ese momento no sabía si seguía encabronada o con vergüenza, el chiste es que me dio una puta rabia, porque estaba bien encabronada ya que me pareció que tenía mucho de razón, pero pudo más el orgullo y que le digo ¡tú no entiendes nada como todos los putas hombres! y que empiezo a caminar, pero sólo le di la vuelta a la manzana y regresé a cambiarme…sic
-Total que por esos días fui a buscar donde hacer mi servicio social y me interesaron algunas cosas del Colectivo Feminista el que está allá por los Tecajetes para ver si daban talleres o impartían cursos o pláticas o que actividades llevaban a cabo, ¿no? Y ya sabes, hasta me acordé de la clase de marxismo cuando decía algo de la conciencia para si, y hasta pensé que ya estaba entrando en esa etapa… en la que podía contribuir en acciones más concretas que impactaran en la sociedad y sobre todo en la población que más lo necesita, y hasta creo que me he estado acercando y entendiendo más la vida de mi abuela, de mi madre, de mis hermanas y creo que mi hermanito va a tener otra formación…
-De hecho, mañana voy a revisar los acuerdos de la reunión que hubo en Beijing y a lo mejor puedo hacer una ponencia en el foro de la escuela y tal vez me dejen participar en la mesa redonda que va a haber en el Colectivo el mes próximo, ¿cómo ves? Pero lo que de verdad quiero, además de participar en este tipo de eventos es tratar con la gente que no tiene acceso a la escuela o que ni siquiera sabe leer y escribir… como mi abuela como las sirvientas, los albañiles, personas que sólo se han dedicado a trabajar toda su vida y seguir repitiendo los roles tradicionales una y otra vez… aunque eso es más difícil, yo casi no tengo paciencia con la gente y me voy a desesperar si no veo cambios, o si veo que los putas hombrecillos no entienden jajajaja… porque las mujeres si van a entender de eso estoy segura, pero bueno, ese es el segundo paso. Por ahora, tengo que leer y ver las cosas que se han hecho…
Maruca como era de esperarse me había contado lo que había pasado con Juana la que odiaba a los machos, con Ana la que pregonaba ser pacifista, hasta de Margarita, y de aquellos a los que les había perdido la pista totalmente. Habían pasado casi 20 minutos y nada que escuchaba sobre la realización de sus proyectos, lo que me llevó a preguntarle ¿y tú que has hecho?, pero fui interrumpido por unas voces infantiles.
-Mamá, Mamá, mira lo que hicimos… al mismo tiempo que Maruca decía entre su risa irónica y nerviosa, -mira, esto es lo que he hecho, mientras señalaba a sus hijos. Ya sabes, ¡chingao!, soy muy comodina preferí la vida de ama de casa, pero eso si, a mi esposo lo traigo marcando el paso…
Vásquez Córdoba, Shiddarta."Marcando el paso". Poesía sexo maríhuana . eds.Felipe Quetzalcoatl Quintanilla, Ivonne Zarza . Ottawa: 2006.
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