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Zaira Espinosa (2004)

poesiasexomarihuana

 

 

 

 

 

 

 

Piedad

Hay un hueco en el camino a tu boca,
Que ¡zas! Me hizo tropezar, que me hundió.
No me vuelvas a pedir que llegue a tu boca,
Me duele todavía el cuerpo.
Aún están hinchados mis ojos.
Cierra ese hoyo, llénalo de posibilidades
                                    tuyas no ajenas,
reconstruye ese puente que una vez fue de ázucar
y que me tuvo en la obesidad más amorosa.
Yo más no vuelvo a tomar ese camino,
Ten piedad de mis piernas, de mis ojos,
de mis sueños.

 

 

 

 

 

 

Promesas

Se promete ante el cielo y el mar
                                   eternidad
que se desconoce,
porque nuestros ojos no ven más allá
de lo que ven las aves de paso
y nos desgastamos diciendo que
el cielo es nuestro
y podemos
disponer de su profundidad inversa,
y de sus colores,
tan desconocidos
en el rincón donde las promesas
se encaraman huidizas.

Se nos llena la boca
con las virtudes románticas del mar,
promesas diluidas en la sal
y masticadas por cientos de miles de peces
que se alimentan de desperdicios,
de la basura verbal y desvaríos banales.

No oímos más allá de la mentira,
No decimos más allá de la verdad.

 

 

 

 

 

 

 

Una fotografía

Vengo a verte hoy,
A hablarte de ti
de tu naturaleza blanquinegra,
cuadrada
                 plana
He venido a contemplarte
con mi mirada henchida de amor
a decirte que mis manos
ya no pueden sostenerte como antes
tu brillantez apremia mis desvelos,
pero yo duermo…
Detrás del papel está escrito tu nombre
que es como leer tu rostro
y tu rostro es como decir tu nombre.
Y tu nombre y tu rostro
Son imágenes perdidas.

 

 

 

 

 

Polvaredas

 

En el Medio Oriente los humanos ya no creen más en la propiedad.
Los territorios son avasallados cual si fueran individuos.
La única propiedad que existe son las polvaredas,
Como las que conocemos tú y yo, en todos los días del año.
Como el amor desértico de nuestros labios, propiedad de nadie
Las polvaredas se levantan cuando vienes del extremo más
lejano de mi vida, y más cercano a la tuya.
En el Oriente Medio, ya nada les pertenece a las personas,
Sus territorios se perdieron en la muerte y con la sangre,
Las únicas posesiones que les quedan: polvaredas.

 

 

 

 

 

 

Ligereza

 

Mientras me ahogo en el arroyo de tus prisas
contracorriente va la levedad de mis horas
            mirada-plomo
                        caricias-bulto
tengo la muerte asegurada en tu honda prontitud,
más no flotará mi cuerpo cuando llegué la hora de morir,
no en tu superficie
a mi no me pesan las ansias
soy ligera de tiempo.